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Entrevistas

Gemma Varona, doctora en Derecho e investigadora del IVAC/KREI: "Gakoa es una alternativa eficaz, donde se trabaja la desigualdad de género y los mecanismos de agresión"

Gemma Varona, doctora en Derecho e investigadora del IVAC/KREI:

La semana del 12 de noviembre se presentó la valoración del programa Gakoa de reeducación,  dirigido a hombres condenados por violencia de género en el País Vasco. Gemma Varona, coordinadora del estudio y redactora del informe final, ha trabajado en la investigación junto a Auxkin Galarraga, profesor de sociología de la Facultad de Derecho(UPV/EHU),e Idoia Igartua, facilitadora del Servicio de Justicia Restaurativa y profesora de Derecho Penal de esa misma Facultad. La evaluación, encargada por el Departamento de Trabajo y Justicia  del Gobierno vasco al equipo de profesionales independientes de la Universidad del País Vasco, tiene el objetivo de valorar la eficiencia del programa Gakoa, que tiene más de 12 años de recorrido en el País Vasco.

¿A quién está dirigido el programa Gakoa?

El programa es una alternativa a la ejecución de la pena de prisión, que se aplica a las penas de prisión menores de dos años, y participar en él conlleva una serie de obligaciones, entre otras, que el condenado tiene que cumplir con el programa y debe cumplir con la orden de alejamiento y comunicación que se ha impuesto. Si no se cumplen esas condiciones, la persona terminaría yendo a prisión.

¿En qué se basa el programa?

Cuando nos solicitaron medir la eficacia del programa, comenzamos por ver cuáles son los objetivos teóricos que quiere cumplir. El punto de partida es muy interesante porque Gakoa tiene un objetivo principal que es garantizar la integridad física y psíquica de las víctimas. Es un fin muy importante porque se consigue trabajando con los hombres. ¿Cómo? Estos siguen un programa psicoterapéutico que fundamentalmente persigue que los hombres se den cuenta del daño que han hecho y se responsabilicen de él, y se conciencien sobre temas de igualdad de género. Sobre esto hay diversos programas en el mundo, pero Gakoa tiene claramente esa orientación de perspectiva de igualdad de género.

El programa parte de la idea de la desigualdad existente y del machismo imperante en la sociedad, que hay que trabajar con estos hombres -que además han sido condenados-. Esos hombres tienden a minimizar lo que han hecho, a negar lo que han hecho, a decir que son víctimas, a culpabilizar a la víctima. Es un trabajo que entiendo que la gente vea que es muy difícil, porque hay que cambiar mentalidades y maneras de actuar. Eso es lo que tratan de hacer en Gakoa, con trabajo individual y trabajo en grupo.
 

Terapía de grupo con personas en círculo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿En qué se basa el trabajo en grupo?

Como investigadora, tuve la posibilidad de hacer trabajo de observación para la evaluación y me parece muy interesante tanto el trabajo individual que hacen, que es muy importante para ver qué necesita esa persona para ese cambio y para esa responsabilización y también es muy interesante el trabajo en grupo, en el que participan con otros hombres condenados, ven que no son los únicos y tratan con personas que están en diferentes fases del proceso. Cuando observé el trabajo en grupo, vi hombres de diferentes edades, diferentes nacionalidades, que estaban en diferentes momentos del proceso. Me llamó mucho la atención que cuando una persona tenía un tic machista, interactuaban entre ellos, haciendo ver lo que no era correcto o llamando la atención sobre la manera de actuar de unos y otros.

Por lo que pude comprobar, en cada grupo hay hombres más concienciados sobre la desigualdad, que reconocen claramente lo que han hecho y su responsabilidad; y hay otros que están ahí, no lo niegan ya -porque se ha trabajado con ellos-, pero todavía le restan  importancia, y quieren echarle la culpa a su consumo de alcohol, de otras drogas, etc. 

¿Minimizan lo que han hecho?

Por supuesto, esto es una cosa que hacemos todos. Es importante que la sociedad sepa, que todas las personas tendemos a minimizar y a justificar lo que hemos hecho; decimos “mira qué presión tenía”, “estaba muy estresado”, “es que la otra persona me había hecho esto o lo otro…” “tampoco era para tanto”… hay diferentes técnicas, y muchas veces lo hacemos de forma inconsciente, está muy estudiado.

Tengo clarísimo, respecto a los hombres que han ejercido la violencia, que eso es  injustificable. Pero hay que entender esos procesos de justificación para poder desmontarlos y poder trabajar con ellos. Por eso el trabajo combinado -individual y en grupo- me parece fundamental, y en concreto el trabajo en grupo. En el trabajo grupal se aprecia muy bien el hecho de que otros hombres en las mismas circunstancias, son conscientes de que la violencia es inaceptable y existen otras vías para actuar.

Recuerdo que uno replicaba: “También hay violencia de las mujeres hacia los hombres”. Claro que puede haber, pero desde luego un hecho que está claramente probado, a nivel mundial y sostenido en el tiempo, es que las mujeres son agredidas y mueren a manos de sus parejas o ex parejas en un porcentaje absolutamente desproporcionado. Y eso lo dicen los estudios de las Naciones Unidas o del Consejo de Europa. Ocurre en todos los países, en Europa, en España y en Euskadi también: las mujeres tienen más riesgo de morir a manos de sus parejas o ex parejas que los hombres. En general, ellos constituyen el grueso de las víctimas de delitos violentos, pero no a manos de sus parejas; y, en todo caso, son el grueso de los autores. En Gakoa lo que se busca es desmontar esa idea de auto-justificación, de “yo soy la víctima”, para que no vuelva a suceder.
 

Hombre pensativo sujetándose la cabeza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Cómo se traduce todo esto en números?

Las muestras representativas de 2006 a 2016 nos dan como resultado que la reincidencia de los hombres que han participado en el programa es bajísima: el porcentaje de nuevas condenas por violencia de género entre los que acabaron el programa es de 4,6%, frente a un 9,4% entre los que abandonaron el programa.

Hay que tener en cuenta que la tasa de reincidencia general para las personas que siguen este tipo de programas tiene que estar por debajo del 8%, para que se considere un éxito. Entre los hombres que no han seguido este tipo de tratamiento la tasa de reincidencia es del 20% o más.
En la muestra de 2011 a 2016 las pruebas de estrés estadístico nos dicen que existe una relación entre el cumplimiento del programa y el que no haya nuevas denuncias ni nuevas condenas por violencia de género. Hasta el punto de que respecto a nuevas denuncias por violencia de género, la tasa de reincidencia entre las personas que fueron dadas de alta es de 1,3%. Frente a estos, los que fueron dados de baja en el programa tuvieron una tasa del 7,7%. Entre los que abandonaron el programa por voluntad propia la tasa de reincidencia es de un 17,9%.

También hemos visto que influyen otros  factores, no solo Gakoa, sino los probables programas de deshabituación que se han hecho antes o simultáneamente, o el mismo cambio de pareja, o que el sujeto haya acudido a un psicólogo de forma complementaria, por ejemplo. Aún así, podemos decir que, con pruebas estadísticas sólidas,  Gakoa constituye un paso fundamental en la prevención de nuevos delitos violentos.
 

Jorge Freudenthal, psicólogo de Gakoa en la presentación del programa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando comenzamos con la investigación, nuestra hipótesis era que no solo debemos medir si esos hombres han vuelto a reincidir en violencia de género; creemos que el seguimiento del programa puede tener un impacto positivo en la comisión de cualquier otro delito violento. ¿Por qué? Porque se aprenden pautas de conducta: control de la ira, expresión de emociones, resolución de conflictos sin utilizar la violencia, etc. Esos resultados se vieron también significativamente en el estudio. Si bien hacen falta investigaciones más profundas, entre las personas que fueron dadas de alta sólo había un 3,1% que tenían condenas posteriores por delitos violentos, frente al 25,5% entre los que abandonaron el programa.

A veces los datos estadísticos arrojan números difíciles de interpretar, ¿son estos suficientes para concluir la eficacia de un programa?

Por eso hemos querido completar los datos con un estudio cualitativo. Es decir, ¿cómo podemos saber qué es lo que hay en Gakoa que potencia el cambio? Eso sólo lo podemos saber, viendo lo que hacen. El estudio cualitativo lo hemos hecho no solo entrevistando a hombres condenados y al personal de Gakoa, sino a más profesionales.

Además de la observación de grupos de Gakoa de la que ya he hablado, el estudio cualitativo se ha compuesto de 43 entrevistas y cuestionarios, algunos en profundidad; cuatro grupos de discusión, y análisis de contenido de 22 expedientes de Gakoa. Después hicimos otra cosa aparte que me pareció interesante: analizar hasta qué punto se conoce el programa Gakoa. Nuestra conclusión es que se conoce bastante poco. Estudiantes de Victimología del grado de Criminología (UPV/EHU) preguntaron a jóvenes vascos, a quienes se hicieron 538 cuestionarios. La mayor parte de los jóvenes no conocían el programa pero les interesaba y les parecía bien.

¿Con datos cuantitativos y el análisis cualitativo en la mano, cuál es vuestra valoración?

En el aspecto cuantitativo, los hombres que siguen el programa Gakoa reinciden menos, y en el aspecto cualitativo, en el estudio constatamos varias cosas: por un lado, la mayor parte de los operadores jurídicos están contentos. Por otro lado, la población joven a la que se le ha preguntado sobre el programa Gakoa está contenta y quiere saber más cosas sobre el programa. Y luego, cuando fuimos a entrevistar a las víctimas, nos dijeron que les gustaba el programa. Nadie les había informado sobre este programa, pero nos decían que el saber que esa persona –con la que la mayoría de ellas ya no tenía relación- está en el programa, les daba seguridad. Saber que se está tratando la ira, esa violencia…en muchos casos tienen hijos en común y van a seguir viéndolos; la víctima opina que “si esa persona no es violenta conmigo, seguro que tampoco lo será con los menores”. Entrevistamos también a familiares del hombre condenado: padres, madres, hermanos… nos decían que el programa le habían ayudado a controlar impulsos y a relacionarse, entre otras cosas.

Por otra parte, es preciso dotar de más medios el programa para que no se produzcan retrasos ni listas de espera y se pueda empezar a trabajar con estos hombres cuanto antes. Además, entre las medidas de mejora recomendadas en la evaluación, indicamos que es posible trabajar de forma más estrecha con servicios y asociaciones de víctimas.

Un programa que beneficia a víctimas, familiares…

Yo opino que un sistema únicamente punitivo y sin alternativas, ni es bueno para las víctimas, ni es bueno para la sociedad. Tomarse de verdad en serio un problema es evaluar con rigor qué está pasando, qué está funcionando y, evidentemente, dependerá de la gravedad y contexto de cada caso. Gakoa trabaja con los casos que no son los más graves. Sabemos por pruebas empíricas que un sistema solamente punitivo causa más victimización. Estamos viendo estudios muy recientes en el ámbito de Estados Unidos, con los agresores sexuales, a veces de parejas, a veces con víctimas desconocidas, donde en algunos Estados se les ha hecho poner en las matrículas “soy un agresor sexual”, o han tenido que poner una placa en sus casas. En algunos casos se puede consultar por internet qué agresores sexuales viven alrededor tuyo. En torno a esta manera de proceder hay estudios solventes que demuestran que esos agresores, como se ven totalmente estigmatizados y expulsados, y sus familiares no quieren saber nada de ellos, se vuelven más violentos e incluso algunos dicen “yo lo que quiero es que me vuelvan a coger, porque por lo menos en prisión me trataban con más humanidad que en la calle”. Hemos de trabajar conjuntamente para garantizar la seguridad a la sociedad, prevenir los delitos, garantizar la recuperación de las víctimas y la resocialización de los victimarios. Sin ingenuidad, si no creemos en la capacidad de cambio, el sistema termina deshumanizándose para todos los afectados y también desmotivando a los propios profesionales que trabajan en la Administración de Justicia, profesionales que hacen una gran labor, escasamente reconocida porque la sociedad sólo parece fijarse en ellos cuando ha habido algún fallo o nueva agresión.

Si creemos en la reinserción en otro tipo de delitos, no es coherente no utilizarla para estos hombres. Pero hay que tener en cuenta que cambiar formas de actuar y mentalidades lleva tiempo. No es como producir sillas. Es verdad que habrá personas que nunca se reinsertarán, pero si les negamos la posibilidad de intentarlo, ¿qué ocurre con las que sí podrían hacerlo y sus potenciales víctimas?

 

Exterior de la cárcel de Zaballa y celdas

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué ocurre con las nuevas generaciones?

Al final, estamos intentando solucionar la violencia de género fundamentalmente con el Derecho Penal, aunque deba reconocerse el avance de la ley integral en transversalidad. Cuando debatimos con los alumnos universitarios en clase, me sorprende que siga habiendo muchísimos estereotipos sobre qué significa que una persona te quiera, sobre dónde están los límites del control en las redes sociales o qué significa la autonomía de una persona. Hay estereotipos ahí todavía, particularmente en muchos medios digitales, y también, hemos educado a nuestros jóvenes a no tolerar la frustración. Y cuando no toleras la frustración, todo ello además en un clima machista, lo pagas con la persona que tienes al lado, que es tu pareja. Otras veces lo pagan con sus padres (en muchas ocasiones la madre).

También hay hombres muy confusos, sobre lo que significa ser hombre en la sociedad actual, y eso también se trabaja mucho en Gakoa: qué significa ser hombre, qué es el consentimiento… es muy importante. También me parece importante recalcar que Gakoa es una pieza de un engranaje, es donde se dan pasos, no es ni siquiera “la clave”, porque la clave es ese engranaje, donde se ofrece apoyo y otra oportunidad para trabajar la responsabilización y la prevención, para que no haya más víctimas por parte de ese hombre, haciendo entender que la sociedad no tolera ese tipo de violencia y que existen mecanismos de ayuda para mantener ese cambio en el tiempo.

Publicado el 19 de diciembre de 2018. Leer más de:   Entrevistas. ¡Añade un comentario!.
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Alex Astralaga, Policía Judicial de la Ertzaintza: "Hacemos de intermediarios entre la Justicia y la Ertzaintza"

Alex Astralaga, Policía Judicial de la Ertzaintza

Alex habla con un compañero en la sede que la Policía Judicial tiene en Bilbao; hay varias mesas en la oficina y se ven pocos papeles encima; sin embargo, hay un ordenador en cada una de ellas y en una pizarra se puede leer una larga lista de tareas a realizar esa semana.

Hace un año que Alex ostenta el cargo de Jefe de sección de la Policía Judicial de la División de Investigación Criminal de la Ertzaintza. Antes de llegar a ese puesto, trabajó durante años como investigador en la Ertzaintza; la experiencia acumulada durante esos años le es indispensable para ejercer como Jefe de la Policía Judicial adscrita a la Administración de Justicia de la CAV; una denominación tan larga como la lista de la pizarra y un cargo de gran responsabilidad.

 

Publicado el 28 de mayo de 2015. Leer más de:   Entrevistas. ¡Añade un comentario!.
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